cuando un árbol se muere....
...se le echa de menos, como a un viejo compañero
Adolfo Gutiérrez Fdez (Txirpial)
El viejo roble no sólo representa las libertades forales perdidas, sino que fue admitido como el emblema indiscutible de la libertad universal. El árbol recuperó toda su potencia de mito para transformarse, una vez más, en el centro de las nuevas inquietudes políticas y sobre todo, en un buen testigo de excepción de una buena porción de historia reciente y apasionante. Bien merece por ello un homenaje, el recuerdo por lo tanto al roble que ya se ha ido y larga vida al que le sucede.
Haciendo un poco de memoria existía en la anteiglesia de Lumo un robledal con una pequeña ermita en sus inmediaciones, la Iglesia Juradera de Nuestra Señora de la Antigua, una construcción edificada en el siglo XV por orden del Corregidor de Vizcaya, Gonzalo Moro. Transcurridos los siglos, del robledal sólo se conservó un ejemplar; el árbol foral o árbol de Gernika. La primitiva ermita, por otra parte, desapareció para dejar paso a la actual Casa de Juntas, que data de 1826 y sirve para celebrar las sesiones y ceremonias que presiden el nombramiento de la Diputación Foral de Vizcaya, además de guardar el archivo de las mismas. Una placa recuerda las palabras utilizadas en 1936 por José Antonio Aguirre, primer lendakari de Euskadi, que se han convertido en fórmula protocolaria para realizar dicho juramento:
«Ante Dios humillado
en pie sobre la tierra vasca
en recuerdo de los antepasados
bajo el árbol de Gernika
ante vosotros
representantes del pueblo
juro desempeñar fielmente mi cargo»
Este árbol era un roble, el tercero que ha presidido la Casa de Juntas de Gernika, tenía una altura de doce metros y su edad se calculaba en 146 años. El primero de ellos se le denominó «el Padre» y se plantó en el siglo XIV llegando a durar durante 450 años, mientras que el segundo conocido como «el viejo», cuyo fósil se conserva en los jardines de la Casa de Juntas, estuvo vivo entre 1742 y 1892. Fue el 15 de Enero de 1860, cuando el Padre de Provincia, Don Castor Allende Salazar, plantó el retoño que habría de alcanzar el siglo XXI, con él se aseguraba la sustitución del, por entonces, ya desahuciado Árbol Foral del Señorío. Fueron precisamente sus bellotas las que sirvieron para dar vida y continuidad ala frondoso roble en el que en palabras de Labayru, «se hallan alegóricamente representadas las libertadas vizcaínas»
En 1992 los regidores de la Casa de Juntas decidieron emprender un sistemático y riguroso tratamiento de conservación del roble. El intenso programa de trabajo desarrollado hasta la fecha permitió ante todo prolongar su vida además de mejorar su salud a lo largo de los sucesivos ciclos vegetativos, invirtiendo la tendencia regresiva que manifestaba hasta los años 90 e iniciando hasta el año 2003 un período de equilibrio entre su dañado sistema radicular y la estructura aérea que el árbol era capaz de soportar.
Desde el año 2002, ateniéndonos al aspecto climático, la desafortunada conjunción de circunstancias negativas han terminado con su vida, como consecuencia de una embolia. Permanecía afectado por la acción del hongo «armillaria mellea» desde hace varias décadas, y sus hojas se vieron afectadas por la acción de otro parásito ocasionándole alteraciones en su sistema circulatorio reducido a un 11% de su capacidad original.
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El viernes 30 de Julio de 2004 los operarios empezaron a retirar por partes el árbol de Gernika. Poco a poco sus ramas se vieron podadas y su tronco cortado de forma transversal. Con posterioridad, se levantaron las losas que rodean al árbol, para proceder luego a extraer el cuello de la raíz. A continuación se excavó la zona, saneándola y reintroduciendo tierra nueva para plantar el retoño, de unos 15 años de edad. La madera resultante de la poda será identificada y sometida aun tratamiento de conservación para su exposición en las Casa de Juntas y en el Museo Vasco.
En ausencia del titular, el árbol plantado en 1979 por Ramón Rubial ejercerá como árbol de Gernika. En palabras de la Presidenta de la Casa de Juntas, Ana Madariaga: “ Un símbolo nunca muere, es eterno “
Todavía en los albores del siglo pasado R.Mª Azkue recogía la frase ritual que dirigían los leñadores al árbol que iban a cortar: Guk botako zaitugu eta barkatu iguzu (nosotros te derribaremos y perdonaremos). Ese respeto y convivencia con el árbol adquirió a través de los siglos carácter simbólico y representativo, de ahí la veneración otorgada a los robles de Gernika, Arretxabalagana y Arriaga, como protectores vivos de las Juntas de Vizcaya y Alava, que al amparo de aquellos robles se celebraban.
El árbol de Gernika ha transcendido el marco geográfico de Vizcaya para convertirse en punto de referencia de toda Euskalherria.
El árbol de Gernika ya no despertó, la canícula que se cebo con los ancianos de los fértiles jardines del bienestar, agotará también su ya débil savia tras penosa y larga enfermedad. Los árboles nos cuentan una historia universal y el destino quiso que se vuelvan papel para que los hombres la escriban y reduzcan a su manera. A los árboles que se van y a los que se quedan habría que decirles adiós a la manera del padre de Saramago, que se abrazó con fuerza al roble, al castaño, a los pinos que rodeaban su humilde casa para despedirse antes de morir.
Existen otros numerosos ejemplos de árboles, tanto autóctonos como alóctonos, venerados por todos con un elevado significado jurídico y hasta político, del que en este artículo nos hacemos eco. Mencionaremos algunos de ellos, a modo de homenaje, incidiendo en la idea de que la selección depende únicamente de criterios personales y profundizando en la tesis de que muchos de las catalogaciones realizadas por las distintas Comunidades Autónomas en la materia que nos ocupa, se centran en la singularidad física del árbol. Olvidándose en muchos de ellos de su importante significado cultural, ya que muchas de las tradiciones conservadas en torno a los árboles singulares arrancan de épocas antiguas y algunas se remontan incluso al Neolítico, en lo que se ha denominado dendrolatría, la práctica por el culto a los árboles.
Árboles menos conocidos pueden ser los de Arechabalaga (entrada del Señorío de Vizcaya), Larrazabal (Valle de Orozko); Barajen (Valle de Aramayona); Árbol de Sagastiguren ( al pie del mismo se celebraban las Juntas de la Merindad de Marquina); el nogal de Licharre ( lugar donde se celebran las Cortes). En Iparralde se encontraba el roble de Ustariz, pero más fama tiene el roble de Vincennes bajo cuya sombra, según la antigua tradición, el Rey San Luis administraba Justicia después de oir misa.
La encina de San Esteban, bajo ella se reunía la hermandad de Ganaderos de Galdames; El roble de Zendokiz, conocido como el árbol cromlech por las piedras que lo circundan en la localidad de Zelaieta; Los dos tejos situados al lado del refugio de Pagomakurra, en la senda de Arraba próxima al monte Gorbea; El pino piñonero de Bakio ,con 25 m de altura y 27 m de ancho de copa.; La morera de la Antigua, en Orduña; el fresno de morfología tortuosa en las campas de Arimekorta, cercano a la antigua turbera del saldropo ubicado en la Gorbeia; La encina de Gorliz, con 16 m de alto y 17 m de anchura, que denotan el carácter rural que tuvo la localidad;. El Cedro del Líbano que corona los jardines del centro de Formación profesional en la localidad de Muskiz; La híbrida Palmera-higuera en Getxo con una implantación radicular de la higuera en los restos basales de las hojas ya caídas de la palmera; El Ciprés de los pantanos frente a la fachada principal de la Universidad Comercial de Deusto; El árbol botella, Brachichiton en pleno parque de Doña Casilda en Bilbao; El alcanforero, situado en el anterior Parque bilbaíno; El roble de Arcentales, con una altura de 36,5 metros siendo el resultado de la hibridación del roble penduncuculado y el marojo; El tejo de Aginarte y el de Aginalde, ambas en el municipio de Zeanuri; Las encinas de Urkieta y Garai, bajo la cual, se ha cobijado un rebaño de unas 360 ovejas; El árbol Malato , roble pendunculado considerado como faro o señal de la frontera militar del Señorío de Vizcaya, su significado etimológico resulta controvertido, malato hay quien lo deriva del latín malatus(enfermo) mientras que otra explicación del vocablo eúskaro mallatu (golpear) lo atribuye porque los soldados vizcaínos al llegar a ese lugar debían golpear con sus armas el tronco del árbol; La rebolla del Concejo de Arcentales, árbol juntero de la localidad; El roble de Avellaneda bajo cuyas ramas se reunían los representantes de la antigua Merindad de las Encartaciones.
En la provincia de Alava reseñar El tejo de Antoñana, con más de 13 m de altura y 5, 30 m de diámetro de tronco en Izki; El tilo de Antoñana en Izki, con 18 m de altura y la anchura de su copa con más de 15 m; La encina Juradera de Angosto, centenaria encina donde se celebraban las Juntas de los Caballeros Hijosdalgos del Real Valle de Valdegobia.
Mientras que en Guipúzcoa mencionar al pino piñonero de Getaria, ubicado junto al monumento a Elcano; el Ginkgo de Hernani ejemplar de hembra de fósil viviente con 21 m de altura; el Olmo menor del Parque de la Sargia en Irún, con una altura notable, poco común en esta especie. Concluyo con unas estrofas de la canción de Gernikako Arbola de Iparaguirre. “HACE UNOS MIL AÑOS QUE DICEN PUSO DIOS EL ARBOL DE GUERNICA. MANTENTE, PUES, EN PIE AHORA Y MÁS TIEMPO. SI CAES, ESTAMOS TOTALMENTE PERDIDOS”.