ROSACEAS Andrés Revilla Onrubia Un bosque no es sólo un conjunto de árboles armoniosos. Es un gran ecosistema que ubica un gran número de especies. Además de las herbáceas, siempre abundantes, un grupo de arbustos leñosos cohabitan con los árboles y colonizan áreas que estos no pueden ocupar. Distribuidos dentro o en la periferia del bosque, los arbustos son el complemento que da vida al bosque. Las zonas densas, las claras, los roquedos, tiene su particular cortejo de arbustos. Entre estos arbustos las rosáceas han evolucionado en cientos de formas aptas para cada ambiente. En los lugares soleados encontramos gran variedad de arbustos espinosos como rosales, zarzas, majuelos y ciruelos. En las umbrías, los claros y roquedos hallaremos zurillos, palillas, guillomos y mostajos. Todas las rosáceas arbustivas excepto las espiroideas, Spirea y Aruncus, y la Potentilla fruticosa, dan frutos carnosos muy buscados por la fauna, principal dispersora de sus semillas. Casi todos tiene colores llamativos que rondan todas las gamas del rojo. Al atraer a la avifauna y a los mamíferos aumentan la biodiversidad del bosque. Un oso pardo no vive si no hay fruta silvestre. Las rosáceas son una amplia familia con casi 100 géneros repartidos por todo el globo (Dryas octopetala vive en el ártico). Presentan caracteres morfológicos muy variables. Podemos encontrar las hierbas más diminutas y los árboles más grandes. Suelen presentar cinco pétalos, la mencionada Dryas tiene ocho, siempre libres y de base estrecha. Los estambres van de uno a cien o más, aunque lo normal está entre 10 y 20. Sépalos, gineceo y disposición y forma de las hojas y frutos varían mucho de un género a otro, encontrándose casi todas las combinaciones posibles. Las hojas del Rhodotypos, género del sudeste asiático con una sola especie, R. scandens, son opuestas. ROSACEAS ARBUSTIVAS NATURALES DE LA PENINSULA IBERICA Algunos géneros, como Amelanchier solo tienen una especie entre nosotros. Otros más de treinta (Rubus) Una de las más desconocidas, por pertenecer a un género de herbáceas, es Potentilla fruticosa, pequeño arbusto de un metro de altura en los mejores casos que vive en las m0ntañas del norte peninsular. Aruncus dioicus es otra extraña especie olvidada en muchos manuales que presenta unas plantas semiarbustivas y rizomatosa de gran porte, muy comunes en la montaña europea y aquí sólo presentes en el Pirineo. Se las conoce localmente como barba de viejo por el aspecto de sus inflorescencias. Las espireas presentan futos en folículo y hojas sin estípulas. Spiraea hypericifolia L. subs. obovata (Waldst. & Kit. Ex Willd. ) H. Huber.es un arbusto de las montañas calizas y frías de la mitad norte peninsular (destaca Burgos por su abundancia). Sus hojas recuerdan a las de la Hypericum perforatum. Tiene las flores dispuestas en racimos corimbosos con los pétalos más largos que los estambres. Este detalle nos permite diferenciarla con facilidad de la otra especie ibérica Spiraea crenata subsp. parvifolia (Pau) Romo que tiene los estambres más largos que los pétalos. Tiene hojas más pequeñas y tres nervios bien marcados. Solo se conoce del nordeste (Lérida y Barcelona) sobre roquedos y margas en bosques claros de roble y en bujedas. Un grupo de arbustos fáciles de diferenciar son los de los géneros Sorbus y Prunus. Los primeros dan pomas (pomoideos) en corimbos y los segundos nos dan drupas (prunoideos), bien aisladas o en racimos. Eliminando los Sorbus arbóreos sólo nos quedan S. sudetica y S. chamaemespilus. La S. chamaemespilus (L.) Crantz, serbal enano, es un pequeño arbusto de hasta un metros y medio de altura que vive en la zona subalpina del Pirineo y oras montañas europeas. Se le encuentra entre arándanos y rodondendros a la sombra de Pino negro. Sus hojas son lampiñas, lustrosas y de color verde intenso, con el borde aserrado y enteras. Se hibrida con Sorbus aria para dar S. sudetica (Tausch) Nyman ex Schiffn. Este último presenta caracteres intermedios de ambas especies. Su talla es mayor y sus hojas presentan pelos por el envés. Vive con pino negro y abetos tanto en suelos ácidos o básicos. Los prunos de pequeño porte son cuatro. El más tumbado es Prunus prostrata Labill., sanguina o cerezo rastrero. Tiene una distribución que le lleva desde el Mediterráneo hasta el Himalaya. Es propio de terrenos calizos y amante de las grietas y las rocas. En la península lo enconramos en las serranías andaluzas y las cordilleras costeras levantinas. Su flor es de color rosa y sus hojas aserradas y muy pequeñas. Sus ramas son tortuosas y su fruta madura es roja. De mayor porte y hojas alargadas y margen entero tenemos P. ramburii Boiss, el espino negro. Tiene cierto parecido con Rhamnus licioides. Sus flores son blancas y sus drupas negro-violáceas. Presenta las hojas formado haces sobre ramillas muy cortas. Los frutos tiene el pedicelo muy largo. Es endémico de las montañas de Almería y Granada. Vive a partir de los 1200 metros en masas de matorral de guillomo, durillo dulce y agracejo, con los que forma comunidades de altura en zonas muy soleadas y de escaso suelo. Similar a él, pero con los frutos sentados o muy poco pedicelados está la P. spinosa L., el endrino. Presenta las hojas algo más anchas, también aserradas y con algo de pelos en el envés. Sus flores son blancas con una leve tonalidad verde. Muy cosmopolita, habita en gran parte de Eurasia y norte de África, en todo tipo de terrenos, preferentemente frescos o fríos. P. mahaleb L., el cerezo de Santa Lucía, es un arbolillo muy ramificado que habita las montañas del este peninsular desde Málaga hasta Cataluña y asciende por el norte hasta el límite de Asturias y Galicia. Hay algunas citas en Segovia y Madrid. Tiene su óptimo en los rebollares de Quercus pubescens. Presenta unas flores blancas de largos pedicelos y muy perfumadas, dispuestas en racimos corimbosos. Sus hojas aparecen plegadas sobre el nervio central hacia el haz. Su drupa es de color rojo, no muy grande y con el huesecillo liso. Su madera es muy aromática y muy demandada en ebanistería y artes menores. Otro grupo importante son los majuelos o espinos blancos. Crataegus monogyna Jack, el majuelo más conocido, presenta un solo huesecillo o nuececilla, en su fruto. En ocasiones puede presentar pelosidad en las ramas y hojas jóvenes, aunque lo más frecuente es que sean lampiñas. Puede alcanzar los 10 metros de altura y formar comunidades boscosas en las riberas de los ríos. También con un solo huesecillo, C. granatensis Boiss., el majuelo de Sierra Nevada, presenta hojas y estípulas de margen aserrado, no entero como C. monogyna, y con dientes glandulíferos. Crece en las montañas del sureste peninsular y norte de Africa. Puede alcanzar los cuatro metros de altura. Con más de un huesecillo, hasta cinco, encontramos C. laevigata (Poir) D.C., el espino navarro. Sus hojas son de margen aserrado y alcanza los ocho metros. Vive en hayedos y robledales de Navarra, País Vasco y Sierra de la Demanda. Con tres a cinco huesecillos, la C. orientalis subsp. presliana K.I.Chr., es un arbusto de las zonas montañas de las zonas frías del sureste peninsular, Sicilia y norte de Africa. Sus hojas presentan hasta siete lóbilos profundos y fruto anaranjado. Este arbusto se confunde a menudo con la C. laciniata, endemismo siciliano de un solo huesecillo. Los durillos dulces o griñoleras son más conocidos por la jardinería. De las tres especies autóctonas, sólo Cotoneaster granatensis Boiss. Presenta pétalos blancos. Puede alcanzar los seis metros y aparece en terrenos calizos del sur y sudeste ibérico, desde Alicante hasta Cádiz. Sus pomas dulces son comestibles con moderación. Sus hojas son muy ovales. Con hojas ovales y tomentosas, pero de flor rosada tenemos C. tomentosus (Aiton) Lindl, la griñolera de Aragón y Cataluña. Vive en suelos calizos soleados. Su cáliz es muy piloso. El fruto mantiene una borra blanca incluso en la madurez. C. integerrimus Medik. Tiene el cáliz lampiño y sus hojas casi nunca presentan pelos. El fruto es liso y brillante, sin pelo. Sus flores son pequeñas y sus hojas aovadas. En la península vive desde Cataluña hasta Asturias y parte del Sistema Ibérico. El género Rubus ha marcado muy bien las diferencias con el resto de las rosáceas. Su aspecto sarmentoso, sus aguijones, sus racimos de moras son inconfundibles. Lo difícil es diferenciar unas de otras. Flora Ibérica (CSIC) admite 26 especies para la península ibérica. La mayoría de los especimenes son difíciles de diferenciar, están muy hibridazas y presentan caracteres intermedios no muy definidos. Hay cuatro que podemos distinguir con bastante seguridad: zarza común, R. ulmifolius Schott; zarza pajarera; R. caesius L.; frambueso, R. idaeus L. y la poco conocida pero frecuente R. canescens DC., con pelos en el envés de las hojas y en los tallos florales y pétalos blanco amarillentos. La zarza común es frecuente en toda la península y presenta unos foliolos grandes muy semejantes en su margen a los de Ulmus glabra. La hoja entera tiene pelos por el envés que le dan un tono glauco. Sus flores son de color rosa y forma densos racimos de fruta negra en la madurez. Zarza pajarera madura un poco antes que la común y sus negros frutos son escasos y con drupeolas grandes y escasas en cada mora. Suele mantener una capa cérea en la fruta que le da un tono azulado. El frambueso presenta la particularidad de mantener la parte vegetativa bajo tierra, dejando morir los turiones en invierno. Sus frutos son de color rosa fuerte y cuelgan dispersos por debajo de las hojas, las cuales son de color claro por el haz y muy glaucas por el envés debido a los pelos que presenta. R. saxatilis L. es una pequeña zarza de roca que crece en las montañas calizas del norte. Sus frutos son rojos y también deja morir los turiones en invierno. Sus aguijones son muy finas y faltan en ocasiones. Rosa es el otro género de difícil digestión. Leñosa, perenne, sin turiones, muy ramificada, con aguijones y con frutos espectaculares, el cinorrodon, la rosa nos ofrece una amplísima variedad de especies que la jardinería ha domesticado para solaz de los jardines. 19 especies y un sinfín de híbridos dan forma a los espinares peninsulares. Si bien la zarza suele buscar la humedad de las riberas y los sotos frescos, la rosa busca mucho sol en cualquier condición. Buena pionera, coloniza, con ayuda de zorros y otros animales, los espacios abiertos dejados por la agricultura y crea la orla espinosa que engendrará al bosque dando protección a las tiernas hojas de los árboles frondosos para luego morir bajo su sombra. Mere du Boiss, madre de bosque, llaman en Francia al endrino por este mismo motivo. Posee las flores más grandes y llamativas de la familia, tanto que rosa es sinónimo, en lengua castellana, de flor. Sus corolas presentan todos los colores menos el de la mítica rosa negra. De tallos sarmentosos, rastreros y trepadores, al estilo de la zarza, tenemos varias especies, de las que destaco R. sempervirens L.; R. stylosa Desv. y R. arvensis Huds.. R. sempervirens es de hoja perenne, con foliolos estrechos y brillantes y aguijones muy llamativos. Las estípulas se presentan soldadas al pecíolo y las flores forman racimos corimbosos. Los estilos se sueldan en una larga columna central y los escaramujos son secos y pequeños. Propia del litoral se enrarece hacia el interior. R. stylosa mantiene los largos estilos patentes en el fruto maduro. Si los tallos son arbustivos, no trepadores ni rastreros, y los sépalos enteros, nos encontramos con.; R. pendulina L.; R. ferruginea Vill. (=R. glauca Pourr.); R. spinosissima L. y otras. R. pendulina, propia de las montañas del norte, el rosal alpino, posee una corola de color rosa intenso con los pétalos solapados y ramas sin aguijones o muy escasos. El pedicelo floral es muy débil y las flores, y los frutos, aparecen colgando. R. spinosissina o pimpinellifolia nos ofrece tallos densamente cubiertos de aguijones y crece, con sus flores blancas en la mitad norte peninsular. R. ferruginea crece en el Pirineo. Presenta grandes hojas lampiñas y sépalos muy largos y estrechos provistos de un remate algo más ancho a modo de espátula. La más conocida, o al menos su nombre científico, es la R. canina, abundante y frecuente. Sus aguijones curvados hacia abajo, planos y de base ancha se asemejan al fuerte canino de un perro. Su nombre en griego, kynórhodon (diente de perro), ha dado nombre a los frutos del género (cinorrodon). Hay otras siete especies ibéricas semejantes (y hasta catorce en Europa). Sus flores blancas presentan el ápice de los pétalos escotado. No tiene vellosidad en las hojas. Parecida es R. corymbifera Borkh., con pelos en el envés. R. nitidula Besser es igual pero de sépalos caedizos. Sólo vive en el País Vasco. Con pelos glandulíferos en el pedicelo y pelos en el envés de las hojas agrupan los autores a R. agrestis Savi; R. tomentosa Sm. y R. villosa L. R. agrestis es, igual que R. micrantha, de flores pequeñas y blancas con aguijones curvos y pequeños. Las dos son comunes. R. agrestis tiene la base de las hojuelas estrechada en cuña y R. micrantha la tiene redondeada. R. villosa presenta flores rosas y unos frutos carnosos y esféricos que mantienen los sépalos, erguidos y no caedizos, y con numerosas acículas blandas. Es la denominada rosa manzanera. R. tomentosa tiene hojuelas muy pelosas y huele a resina. Sus sépalos son caedizos y vive en la mitad norte peninsular. En Madrid R. corymbifera vive en el Guadarrama y R. agestis se extiende por los espinares de las zonas bajas de la provincia. |