Opinión

Estimados amigos:

Ya os anticipaba que estos últimos meses el asunto del agua es algo que me preocupa seriamente.

Me preocupa la situación meteorológica, esa falta de lluvias y nieves cada vez más agobiante. Con la incertidumbre -y la sospecha de que será más de lo mismo- de qué nos espera para el año que viene.

Pero me preocupa más si cabe la falta de sensibilidad y sentido común de nuestra clase dirigente. He podido oir a alguno de ellos decir por la TV que tranquilidad, que la cosa no es para alarmarse, que tenemos unos depósitos subterráneos enormes. Eso no es tranquilizar a la población, sino engañarla, idiotizarla. Esa señora debería responder ante los tribunales por declaraciones como ésas. Es cierto lo del acuífero, al menos en el caso de Madrid. Pero ¿porque no cuentan a que ritmo se recupera de las extracciones?
Porque, claro, se puede pinchar cada tres o cuatro años en caso de extrema urgencia. Y mira que nos gusta jugar a ser dioses; cómo me acuerdo de Luis María. Pero ¿qué pasará si el año que viene continúa la sequía? ¿volvemos a sacar agua? ¿y cuándo se acabe? e incluso antes ¿cuando el acuífero se salinice?

Algunos, como el Señor Galardón, han llegado a extremos insultantes. Le leí unas declaraciones en las que aseguraba que, ante la magnitud del problema, dejarían de baldear las calles -sí, sí, camiones cisterna "limpian" las calles de Madrid arrojando agua potable- y dejarían secar los céspedes. ¡Qué alivio! ¿Verdad? Bueno, pues como decía el chiste: a ver si viajamos menos y leemos más la prensa. No se han cumplido esas promesas. Se siguen regando las calles y los céspedes. Lo he visto yo con estos ojitos, paseando este verano por Madrid. Así que no me lo van a negar. Con agua potable, claro, la única que tenemos canalizada hacia las bocas de riego. Tampoco me parecería razonable utilizar todo el agua, "reciclada" incluida, porque digo yo que algo deberán llevar los ríos hasta el mar ¿no?

Sabéis que me gusta subirme al monte, como las cabras. No os podéis hacer idea de como están las fuentes y maniantales. Cómo están cuando aún están, que algunas ya han desaparecido. Los ríos, torrentes, glaciares, neveros, están que se te saltan las lágrimas. De verdad.

Un cambio de hábitos se hace necesario, imprescindible, urgente. Pero no solo en el ámbito doméstico. Esa es otra de las manipulaciones del poder. Hacernos creer que la culpa es de la ducha que nos damos por la mañana -la "caradura" de Esperanza Aguirre llegó a contestar a un periodista que si quería que les dijera a los madrileños que dejaran de ducharse-. Cuando la realidad es que la mayor parte del consumo corresponde a la industria y los usos agrícolas.
¿Leistéis el gasto que supone limpiar diariamente las tuneladoras que excavan la M-30? Sí, con agua potable también. O le preguntamos a mi sobrino como usan el agua en el restaurante en el que trabaja. O...

El último número de la revista de Greenpeace publicaba un artículo que, por su interés, me permito reproducir para las que no lo hayáis leído.

Murcia, ¿el desierto que viene?
Marta Rodríguez


Se dice que Murcia es más africana que europea, porque para encontrar una región de clima mediterráneo tan seca como ella hay que irse a las orillas del Caspio, a Marrakech o al Valle del Jordán. Ya en 1985, el geógrafo López Bermúdez afirmaba que "en este rincón suroriental de España llueve por debajo de los 300 mm". También que la demanda anual de agua ya rebasa­ba en esa época los 800-1.000 mm.
La región de Murcia, fuera de las vegas del Segura, se desarrolló alrededor de los puntos de agua (pluvial, subterránea o de manantial). La prioridad era garantizar el abastecimiento humano, lo que explica el desarrollo de cultivos de secano, poco exigentes en agua. En la segunda mitad del siglo XX, el desarrollismo y su política hidráulica, cuya obra culmen fue el trasvase Tajo-Segura, cambia radicalmente el modo de desarrollo de la región. La historia de Mazagón y Águilas, dos poblaciones del sureste murciano estudiadas en la última década por los ecólogos Julia Martínez y Miguel Ángel Esteve, ilustra la historia del desierto que viene.
En los 60, en Mazagón y Águilas comienzan a instalarse cul­tivos intensivos de tomate para exportación. Es el inicio de la sobreexplotación de los recursos hídricos que, en apenas 40 años, provoca el agotamiento de las aguas subterráneas y la salinización de la mayoría de los acuíferos.
En los 80, los terratenientes locales se pasan a la agricultu­ra bajo plástico. La proliferación de los invernaderos crea una situación tan grave que comienzan a importar agua de acuíferos situados como mínimo a 200 kilómetros e incluso de Albacete.
“En teoría la agricultura utiliza aguas residuales para riego y agua importada previo pago de peaje para utilizar el trasvase Tajo-Segura, pero la realidad es que las tuberías bajo tierra que canalizan toda la región de Murcia generan un mercado negro del agua, a pesar de que es un bien con el que está prohibido comerciar”, afirma Julia Martínez, ecóloga y miembro de Ecologistas en Acción.
Julia Martínez y Miguel Ángel Esteve constataron ya en 1995 que Mazarrón y Águilas habían perdido de forma irreversi­ble el 95% de sus surgencias. "Si hoy se hiciera un nuevo censo, probablemente se concluiría que han perdido el 100%”, afirma Martínez. Este siglo se ha inaugurado con un nuevo negocio que está terminando con cualquier capacidad de rege­neración: la urbanización incontrolada y los campos de golf.
En el camino se ha provocado un gran impacto en la sierra litoral, en el ecosistema del matorral predesértico y la desapari­ción de los humedales.
Todo ello con el beneplácito de las Administraciones, ya que, según Julia Martínez, "la utilización de los recursos hídricos ha incumplido sistemáticamente la ley de aguas, que impide crear nuevos regadíos. Además las nue­vas superficies agrícolas, los invernaderos y los campos de golf incumplen las leyes medioambientales que exigen un estudio de evaluación de impacto siempre que se produzca un cambio de uso del suelo de más de 50
hectáreas':
Entre 2000 y 2004, Ecologistas en Acción ha denunciado al menos un regadío ilegal al mes. Pero se estima que esta orga­nización presenta el 15% de las denuncias. Sólo en el año 2003, las denuncias presentadas por Seprona y agentes fores­tales sumaban 203 regadíos ilegales. La Justicia responde con permisividad. La mayoría de las veces las denuncias se olvidan en los cajones, y cuando se produce una sanción son de cuantí­as ridículas al lado de los beneficios que generan los invernade­ros o las urbanizaciones.